Cuerpo incorrupto de San Antonio de Padua

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Cuerpo incorrupto de San Antonio de Padua

La reliquia de San Antonio de Padua Basilica de San Antonio, Padua.
Cuando el ataúd de san Antonio fue abierto treinta años después de su enterramiento, se encontró que gran parte de su cuerpo había retornado al polvo, pero su lengua permanecía fresca e intacta, lo cual se interpretó como un signo de la dedicación del santo a la plegaria y a la oración.




Fenómenos que en algunos casos acompañan a la incorruptibilidad



Fenómenos que en algunos casos acompañan a la incorruptibilidad
El papa Benedicto XIV, tomando todas las precauciones que la Iglesia mantiene en estos casos, incluyó dos largos capítulos titulados "De Cadaverum Incorruptione" en su trabajo sobre la beatificación y canonización de los santos.[3] Las únicas preservaciones que él deseaba considerar como extraordinarias son aquellas que mantienen una flexibilidad, color y frescura semejantes a cuando los santos estaban vivos, sin intervención deliberada. Estos estrictos requerimientos son cumplidos por una gran cantidad de santos incorruptos.

 Olor

En Toledo, España, el cuerpo de la Venerable María de Jesús, compañera de santa Teresa de Ávila, exuda un perfume descrito como aroma de rosas y jazmines. El cuerpo de san Juan de la Cruz estaba fragante muchos años después de su muerte, y el cuerpo del Beato Ángelo de Borgo san Sepolcro despedía aún un dulce perfume ciento setenta y seis años después de su muerte. La misteriosa fragancia que se notó sobre el cuerpo de santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón, se encontró también en todos los objetos que ella había usado durante su vida.
Los observadores presentes en la exhumación de san Alberto Magno, que se llevó a cabo doscientos años después de su muerte, quedaron asombrados por el perfume que despedían las reliquias del santo.
La dulzura del aroma sobre el cuerpo de santa Lucía de Narni se quedaba en todos los objetos con que reverentemente tocaron la reliquia durante su exposición durante cuatro años después de su muerte. El olor que frecuentemente se notaba alrededor de santa Teresa de Jesús durante su vida, fue notado también por las hermanas de su convento en Alba de Tormes durante la última exhumación de su cuerpo en 1914, más de trescientos años después de su muerte.
El cuerpo de santa Rita de Casia está también fragante después de más de quinientos años. El perfume que se sintió en el cuerpo de san Vicente Pallotti al momento de su muerte persistió por un mes en el cuarto en que falleció, a pesar de que se encontraba abierta la ventana. Similar es el caso de san Juan de Dios, excepto que la fragancia que permaneció en el cuarto de su muerte por varios días, fue renovada allí durante muchos años en cada sábado, el día en que ocurrió su fallecimiento.

 Flexibilidad

En los cuerpos conservados por momificación, ya sea ésta natural, o artificialmente provocada, no se observa el fenómeno de la flexibilidad. Son cuerpos duros y rígidos. La rigidificación de los miembros comienza pocas horas después de la muerte. La mayoría de los santos incorruptos no sufrieron esta rigidez, permaneciendo muchos de ellos flexibles por varios siglos. Así, el beato Alfonso de Orozco, cuyo cuerpo estaba flexible doce años después de su muerte; san Andrés Bobola, cuarenta años, y santa Catalina Labouré, cincuenta y siete años después de su muerte.
El cuerpo de santa Catalina de Bolonia estaba tan flexible doce años después de su muerte que pudo ser colocado en posición sentada, forma en que aún permanece. El cuerpo de la beata Eustoquia Calafato también fue colocado en la misma posición, ciento cincuenta años después de su muerte. El cuerpo de san Juan de la Cruz, muerto en 1591, todavía está perfectamente suave.

 Sangre fresca

Otro fenómeno que desafía las explicaciones científicas es la emanación de sangre fresca que procede de una buena cantidad de estos cuerpos, muchos años después de su muerte. Fue observado ochenta años después de la muerte de San Hugo de Lincoln, cuando se separó la cabeza del cuello. Nueve meses después de la muerte de San Juan de la Cruz, fluyó sangre fresca de la herida resultante de un dedo amputado.
Durante la exhibición del cuerpo de san Bernardino de Siena, que duró veintiséis días después de su muerte, una cantidad de brillante sangre roja salió por su nariz durante el día veinticuatro, como observó y registró san Juan de Capistrano. Durante el examen médico del cuerpo de san Francisco Javier un año y medio después de su muerte, uno de los médicos insertó su dedo en una herida del cuerpo y lo retiró con sangre, la cual, como declaró, estaba "fresca e impoluta". La herida mortal sobre la frente de san Josafat sangró veintisiete años después de su muerte.
Cuarenta y tres años después del fallecimiento de san Germán de Pibrac, mientras unos trabajadores preparaban la tumba para otro ocupante, una herramienta que estaban utilizando se resbaló y dañó la nariz del santo, haciéndola sangrar.[4] Y finalmente, cuarenta años después de la muerte de San Nicolás de Tolentino, un hermano lego separó secretamente los brazos de la reliquia. Fue encontrado y seriamente reprendido cuando un copioso flujo de sangre delató el acto sacrílego,[5] suceso que fue aceptado como milagroso por el papa Benedicto XIV.

 Luces

Aunque no contribuyó en nada a la preservación de estas reliquias, la aparición de luz en los cuerpos y tumbas de algunos de estos santos señaló dónde se encontraban. La santidad de San Guthlac fue afirmada por muchos testigos que vieron la casa en que murió envuelta con una luz brillante, la cual procedía desde allí y se dirigía hacia el cielo.[6] El perfume que procedía de la boca de san Luis Bertrand en su lecho de muerte fue acompañado por una intensa luz que iluminó su humilde celda por varios minutos. Muchos otros santos fueron favorecidos con esta iluminación, incluyendo a san Juan de la Cruz, san Antonio de Stroncone, y santa Juana de Lestonnac.
Tal vez la manifestación más impresionante ocurrió en la tumba de San Charbel Makhlouf. Muerto en 1898, una luz, que brilló fuertemente por cuarenta y cinco noches en su tumba, fue presenciada por muchos lugareños y finalmente terminó en la exhumación de su cuerpo, perfectamente conservado.

 Otros fenómenos

El aceite que fluye cada cierto tiempo, durante siglos, del cuerpo del Beato Matías Nazzarei de Matelica, fallecido en 1320. El mismo fenómeno se registra en el cuerpo incorrupto de la Beata Mariana de Jesús.


http://es.wikipedia.org/wiki/Incorruptibilidad_cadav%C3%A9rica

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