reliquias de la iglesia: Cabeza de Sta. Catalina de Siena

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Cabeza y mano de Santa Catalina de Siena
las Reliquias de Santa Catalina de Siena están en ell Altar de la Basilica de Santa Maria Sopra Minerva, Roma. (La cabeza de Santa Catalina está en la iglesia de san Domenico, Siena).



Historias de santos incorruptos

Se intentó deliberadamente la rápida destrucción de los cuerpos de tres santos poniendo cal en sus ataúdes: san Francisco Javier, san Juan de la Cruz y san Pascual Baylón; la cal deja los huesos limpios en pocos días. En los dos primeros casos se intentó acelerar la descomposición con cal para que su traslado pudiera llevarse a cabo más conveniente, e higiénicamente, queriendo transportar solo sus huesos, en lugar de cuerpos medio podridos.[7] En los tres casos la preservación triunfó. De hecho, en el caso de san Francisco Javier, a pesar de su tratamiento inicial, de varios traslados, de amputación de miembros, y el rudo trato de su cuerpo cuando fue forzado a entrar en una tumba demasiado pequeña para su tamaño, estaba todavía en buen estado de conservación, ciento cuarenta y dos años después.[8]
La humedad en la bóveda de la tumba de san Carlos Borromeo, en la Catedral de Milán, fue tal, que ésta causó la corrosión y podredumbre de las dos tapas de su ataúd, llegando la humedad al cuerpo, pero sin descomponerlo. Los restos de san Pacífico de San Severino fueron enterrados sin ataúd directamente en tierra por indicación de la regla de su orden, como en el caso de santa Catalina de Bolonia.[9] Sin embargo, ambos se mantuvieron en perfectas condiciones.
El cuerpo de santa Catalina Labouré fue encontrado perfectamente blanco y natural cincuenta y seis años después de su muerte; aunque su triple ataúd se encontraba muy corroído. Fue tanta la humedad que penetró, que parte de su hábito se deshacía marchito hacia su mano, como observaron los médicos examinadores. El cuerpo de santa Catalina de Siena también soportó los abusos de la humedad, pero fue encontrado inafectado después de haber sido colocado en un cementerio donde el Beato Raymundo de Capua dijo que "estaba muy expuesto a la lluvia". La ropa sufrió severos deterioros.[10]
San Charbel Makhlouf fue enterrado sin ataúd, como está recomendado en la regla de su orden religiosa. Su cuerpo fue encontrado flotando en barro dentro de una tumba inundada, durante la exhumación llevada a cabo cuatro meses después de su muerte, tiempo suficiente como para permitir al menos una destrucción parcial. Su cuerpo, que se ha preservado perfectamente como cuando estaba vivo, y flexible por más de setenta años, emite constantemente un bálsamo perfumado.[11]
La conservación del cuerpo de san Colomán es bastante notable debido a que su cuerpo permaneció suspendido de un árbol en el cual había sido colgado por un período tan largo que los pobladores lo hallaron francamente milagroso. Un cuerpo expuesto de esta manera se descompone ocho veces más rápido que los enterrados, por la actividad de los microorganismos del aire
San Andrés Bobola fue parcialmente desollado vivo, sus manos fueron cortadas y su lengua fue arrancada. Tras horas de torturas y mutilaciones, lo mataron cercenando su cabeza con una espada. Su cuerpo fue rápidamente enterrado por católicos en una bóveda bajo la iglesia jesuita de Pinsk, donde fue encontrado cuarenta años después perfectamente preservado, a pesar de las heridas abiertas, que normalmente favorecen y aceleran la corrupción. Aunque su tumba estaba húmeda, causando que sus vestimentas se pudrieran, y en la proximidad de otros cuerpos en descomposición, sus restos estaban perfectamente flexibles, su carne y músculos estaban suaves al tacto, y la sangre que cubría las numerosas heridas se encontraba como la sangre fresca que es congelada. La condición del cuerpo fue debatida por sucesivos Promotores de la Fe y de Postuladores de su Causa en 1739 y 1830, y finalmente aceptado oficialmente en su incorruptibilidad por la Congregación de Ritos en 1835 como uno de los milagros requeridos para su beatificación. Su cuerpo permanece incorrupto después de trescientos años.[12]
La exudación de perfumes es el fenómeno más frecuentemente reportado como suceso del todo extraño a un cadáver. Por mencionar sólo unos pocos santos que lo presentan, los casos de santa María Magdalena de Pazzi,[13] santa Julia Billiart, san Hugo de Lincoln[14] , santa Inés de Montepulciano, santa Teresa de Ávila, san Camilo de Lellis, san Pascual Baylón.
De algunos santos no incorruptos se han hecho réplicas de cera para contener las reliquias de sus huesos. Así, por ejemplo, san Pascual Baylón; la actual representación es copia de lo que fue su cuerpo incorrupto, reproducido gracias a fotografías, dado que su cuerpo fue profanado e incinerado durante la Guerra Civil Española; o el cuerpo de santa Inocencia o Santa Colette, que son imágenes de cera y semejan cuerpos humanos, pero en realidad son relicarios que conservan en su interior los huesos de estas santas.
En el caso del papa Beato Juan XXIII, se realizó cierto tratamiento de embalsamamiento para que soportara el velatorio y las ceremonias fúnebres, y hay testimonios del médico-científico que lo realizó. Sin embargo es extraordinario que el cuerpo se preserve tantos años.


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